Los años habían pasado y nuestro héroe, Bosquijote de la Megamancha, seguía en su exilio autoimpuesto de la sociedad moderna, hallándose un lugar dentro de las trajineras de Xochimilco donde vivía, cazaba, estudiaba, investigaba y tomaba el sol citadino de vez en cuando. Muchos turistas afirman haberlo visto, en calzones y acostado en algún lado de las trajineras, mientras se agarraba y jalaba la barba y se sumergía en una profunda meditación solar.
Las historias nunca pasaron a ser algo más que cuentos de borrachos, y hasta que no existieran pruebas contundentes de su existencia en calzones, entonces no era algo que se pudiera comprobar. A pesar de la tecnología que hay en los celulares, todas las fotos salieron borrosas. Demos gracias al enfoque alcohólico por la calidad fotográfica haciendo que la leyenda aún continúe.
Nadie nunca sabe manejar bien el amor perdido. No cuando es ese sentimiento tan profundo que no tiene un cierre, que sin razón aparente murió dejándonos a un lado del abismo a intentar no saltar dentro de él. Bosquijote había superado muchas cosas; venció su terror a los remeros de Xochimilco y los organizó en una flota efectiva anti-crimen de la zona, luchó contra numerosos dragones y venció e incluso había logrado no tener una erección después de que a algún chistorete en una fiesta se le había ocurrido poner Viagra en su cerveza (otra de las razones de su exilio). Pero el amor... el amor era algo que aún no había logrado superar. La pérdida extraña de su amada lo había llevado a una búsqueda constante de la fórmula del amor verdadero, probar su existencia y quizás así lograría hacer que su amor perdido volviera para conquistarlo una vez más.
Su fiel compañero, Omardo de la Pamba, individuo alto, lampiño y narizón en contraste a Bosquijote que era chaparro y gordito, había huido por la misma razón que nuestro héroe; en busca de esa mujer que nos hace temblar y que queremos culminar nuestro destino a su lado.
Para desgracia de Omardo, esa compañera habitaba los confines de un videojuego y utilizando sus dotes de científico y un poco de suerte, logró penetrar la consola y sumergirse en el mundo virtual con un precio demasiado alto: Ahora era Omardo 8-bits de definición.
Bosquijote no había escuchado mucho de su fiel compañero. Sabía que él había estado cazando a su amor por más de 7 castillos virtuales y que en ninguno la había encontrado a pesar de haber asesinado brutalmente cientos de tortugas para llegar a los mismos.
El presente era un lugar solitario para Bosquijote, más no poco alentador. El teléfono sonaba y él esperaba que esta vez no le fueran a ofrecer una tarjeta de crédito o que hubieran secuestrado a su nieta, que a menos que se juegue con la bifurcación del espacio tiempo y poder viajar a una velocidad veinte veces más rápida que la luz, era imposible que pudiera engendrar una nieta en un universo donde no tiene escuincles.
A pesar de estar exiliado dentro de los confines de Chilangolandia, Bosquijote no es ningún cavernícola; al contrario, sigue una lucha constante defendiendo el modus vivendi de su población y por ende, debe estar al tanto de lo que ocurre en la misma. Así que él puede "picarle" a la chompu, meterse a Google y saber todo lo que ocurre a sus alrededores. Pero el teléfono es la clave importante de su presencia en la ciudad y la línea directa con el comisionado Betito Memelas.
Boscquijote, poniéndole 'MUTE' a su telera (también tiene televisión y de cable... así de moderno es nuestro héroe) contesta el teléfono.
-"¿Bueno?"
-"¡Bosquijote! Necesitamos tu ayuda. ¿Recuerdas el especial de Discovery de invasiones espaciales? Esa que decía que no debíamos entablar contacto con los extraterrestres para evitar una inminente invasión y posible exterminio de la raza humana... entonces que mejor era estar chitón y seguir como si fuéramos los únicos seres en el universo para evitar fricciones."
-"Sí, sí, Memelas, lo recuerdo. ¿Qué pasó?"
-"Es que necesitamos tu ayuda."
-"¿Para qué? No tengo nada que ver con los marcianitos."
-"Es que... Bosquijote...",Memelas decía procupado, un todo que Bosquijote conocía y sabía debía dejar los frijoles en la estufa y salir a la ciudad una vez más, "un graciosito mandó un mensaje al espacio y recibió una respuesta."
-"¿Y luego? ¿A mí qué?"
-"Pues es que el mensaje decía: "Puto el que lo escuche." y que se encabronan y dicen que vienen para acá a ver quienes son los putitos."
-"Par de pen... Se nota que los marcianos deben ser mexicanos también. No importa, ya voy para allá."
-"¡Gracias, Bosquijote!"
Colgó. Era tiempo de actuar, posiblemente su primera misión de proporciones épicas para distraerse de la búsqueda de amor que tanto anhelaba. También lo haría solo al no saber nada de su compañero Omardo de la Pamba.
Sacó dinero para su pasaje y nuestro héroe apagó la estufa, dejó sus frijoles y salió por la puerta de su humilde morada.