Apenas cerraba la puerta de su hogar cuando Bosquijote sintió en su rostro y barba la brisa marina que emanaba los ríos que adornan Xochimilco. Fue cuando un movimiento casi ninja, aprendido en los Alpes suizos por ermitaños leñadores comedores de queso, hizo que Bosquijote esquivara lo que parecía ser un huachinango volador a punto de cachetearlo.
Bosquijote sintió el aire cada vez más fuerte, y tras varios peces que tuvieron su fin en la pared de su humilde morada, notó el helicóptero que flotaba por el aire que él apenas estaba respirando.
"¡Bosquijote!", decía una voz poco conocida, difícil de notar tras el ruido que la nave se cargaba, "venimos por ti, no hay transporte ni nada que te lleve, así que ya te vamos a dar un raid a la Procu, mano."
"¡Qué pedo!", Bosquijote decía sorprendido, "¡me hubieras dicho que traías nave, que sacaba aire y huachinangos y no me molesto ni en pescar ni en peinarme!"
Una escalera descendió de la cabina del piloto y Bosquijote, con su habilidad mística para agarrar escaleras voladoras, la tomó como un toro por los cuernos y la subió como ningún individuo la había subido: enrollándose en ella.
No sólo este movimiento ahorraba tiempo para subir, sino que de paso les hacía el favor de recoger la escalera. una vez que Bosquijote estuvo en el helicóptero, se puso sus audífonos y se sentó como una persona decente, se le procedió a dar el reporte de lo que estaba ocurriendo.
"Bosquijote, estamos en problemas.", decía el achichincle del comisionado, Erudito Gutierrez, también conocido como el 'Eru', traía su corbata y camisa burocrática (no se pueden firmar papeles importantes si uno carece de dichos atuendos) además del bien conocido folder con sólo una hoja que vale la pena, pero que es mejor cuando se ve gordito. Se ve importante. "Como verás, uno de nuestro equipo contactó a un extraterrestre y ahora debemos prepararnos para la invasión."
-"¿Fue el que puso 'puto el que lo escuche'?"
-"Sí, realmente no pensó que los extraterrestres hablaran español y mucho menos mexicano. El punto a tratar es que los de arriba, mucho más arriba, más bien, yendo pal norte, nos han retirado el apoyo militar y diplomático. Nos están usando como experimento para ver la devastación que puede causar una invasión de esta escala para después intervenir. Eso y porque están ardidos porque les ganamos en la Copa de Oro."
-"Pinches gringos", decía Bosquijote con una furia destellando en sus ojos, "siempre es lo mismo, cabrón. Uno vive en su patio trasero capitalista y luego uno..."
Después de un clásico choro marxista que caracteriza a nuestro querido autosuficiente ermitaño, terminó noqueando a Eru, un burócrata experimentado en las artes de dormirse frente al jefe sin que éste se dé cuenta. Y antes de que lo supieramos, el helicóptero ya había aterrizado donde debía y sus tripulantes bajaron al edificio de la 'Procu' para planear la defensa urbana que esto traería.
Pasillo tras pasillo que se veía igual, por fin llegaron a una oficina para dialogar el plan de acción. Era lunes en la tarde, 5:17 para ser precisos. Momento donde los edificios gubernamentales se sienten pesados, carentes de actividad y ganas de hacer algo. Aún así, la invasión era inminente y se debía planear la defensa ciudadana. No se podían quedar con las manos cruzadas esperando a que el smog del Distrito Federal acabara con la pura raza alienígena.
"Bosquijote, me alegro que hayas venido en tan corta noticia.", decía Memelas mientras sostenía una taza de café negro sin azúcar y portaba una poderosa mancha de café en su corbata, "necesitamos erradicar esta invasión. Nuestros informantes militares han observado una flota de más allá de 40 naves y contando. Cada una con letreros que dicen: 'Día nacional de la homofobia.' Creemos que nos vienen a ensartar y por desgracia la mitad de nuestras fuerzas ya corrió hacia Guatemala. Esto no se puede ver peor en estos momentos, con las elecciones en puerta debemos hacer un papel extraordinario. Sin embargo, esto no habla bien de nosotros."
"¿Eso con qué nos deja?", Bosquijote decía consternado al ver la falta de fuerza bruta con la que contaban.
"Bueno... no todo está perdido, Bosquijote.", Memelas decía con una sonrisa, casi sacándose un as por la manga, "es lunes... es tarde... y el torito aún no abre sus puertas a los borrachos del sábado. Así que contamos con cerca de 1,000 mirreyes con la camisa bien abierta, la panza chelera y escudados por un rosario de madera sin profesar de manera religiosa sus creencias. Por el otro lado, hoy acaban las demandas de aumento de salario de conductores de micros y taxistas por lo que tenemos algo a nuestro favor. A cambio de su aumento, deberán prepararse para la guerra. Quien sobreviva gana su aumento, que va a salir del salario de los difuntos choferes, pero eso ellos no lo saben. Así que Bosquijote, necesitamos que conviertas esto en un ejército, una guerra de guerrillas. Tenemos cerca de 72 horas antes de que caiga el primer letrero y se nos caiga el sistema como en el '88. En una de esas el Peje toma posesión de la noche a la mañana."
"¿Esos son los mirreyes? No importa", decía Bosquijote con la seguridad que lo caracteriza, "crearé de ellos gente de bien y que no tenga miedo a lo que sea que se le enfrente. No sé que es un mirrey, pero yo sé que no soy su rey. Deme 24 horas con ellos para ensamblar el primer frente de pelea. Ellos irán al frente. Peseros y taxis deberán usarse como artillería, así que necesito más de 500 mecánicos cheleros para afinar sus turbinas. De mientras deme una computadora, necesito hacer algo."
Y así, Bosquijote con sus habilidades computacionales tomó la primer computadora de la oficina con una conexión de 56 kbps de velocidad para buscar a su eterno compañero: Omardo de la Pamba. ¿En qué universo se encontraría? ¿Podría Bosquijote hallarlo con una velocidad tan lenta? ¿Qué será del DF? ¿El exterminio de 1000 mirreyes ayudaría a mejorar la ciudad?
"¡Windows 98! ¡ME LLEVA!"
Fue lo último que se escuchó de los labios de nuestro héroe en las oficinas de la 'Procu'. Ese día nadie dio un carajo por la computadora... ese día no fue distinto a los demás.